martes, 14 de febrero de 2012

¿FINAL EN EL BERNABEU? NO GRACIAS

A falta de presumir de resultados en esta Liga, el sector más forofo culé, con la reverberación de algunos periodistas ilustres que confunden señorío con bajada de pantalones, han dejado caer que la próxima final de Copa (la cual disputarán Barça y Athletic) debería ser en el Santiago Bernabeu.

Los argumentos son dispares. Uno de ellos sería el hecho de que el Bernabeu posee una amplia capacidad para albergar ambas aficiones, además de estar en un punto equidistante de ambos equipos. Pero la otra razón que se enarbola es la del señorío; el tramposo y demagógico discurso del señorío.

Efectivamente, debemos dejar el estadio porque si no, no somos señores. Poco importa que estemos hablando de las dos aficiones más antimadridistas del fútbol español, y que en caso contrario; de ser el Real Madrid el que disputara la final de Copa contra, digamos, el Espanyol o la Real Sociedad, la sola mención de querer disputar la final en San Mamés o el Camp Nou, levantaría ampollas más grandes que la distancia de 10 puntos en liga.

No señores amantes del señorío. En esta petición tan poco "señorial" como el de disputar una final en un estadio que ni valoran ni respetan (véase aquella final entre Barça y Betis allá por el `97 tras la cual tuvimos que tirar de seguro para cubrir desperfectos), poco tiene que ver con la caballerosidad y el "fair play". En cambio sí mucho con buscar humillar a un club y a su afición en su propio campo. Porque aquí no se está discutiendo las capacidades técnicas del estadio, sino lo que simboliza para ambos clubes (Barça y Athletic), y que no es otro que ganar y colear un título en territorio de su máximo rival.

Lo de discutir el señorío aquí sobra. El Real Madrid no necesita ceder su campo para hacer valer su señorío; es un club señor y punto. Basta ya de obligarnos a hacer gestos continuamente para demostrar algo que ya somos. Una persona honrada no tiene que estar una y otra vez demostrando que no es un ladrón; se le presume honrada salvo que se demuestre lo contrario.

No se nos pide ser señor. Se nos pide una bajada de pantalones y ser partícipes alegres de una trama para humillarnos como rivales. Eso no es ser señor. Es ser idiota.


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